Revolcando a Marx en su tumba: cómo es que David Harvey se deshizo de la fuerza de trabajo en su infiel Companion

por Jehu

Al castellano: @aederean

https://therealmovement.wordpress.com/2015/09/29/spinning-marx-in-his-grave-how-david-harvey-got-rid-of-labor-power-in-his-unfaithful-companion/


Parte uno  |   Parte dos



Parte dos

En la primera parte de esta serie hice hincapié en los muy irregulares, incluso deshonestos, métodos que emplea David Harvey en su introducción a El capital de Marx, A Companion to Marx’s Capital. En particular, llevé la atención al uso que hace Harvey de los términos “a priori” y “críptico” para caracterizar cómo es que Marx manejaría las categorías fundamentales de la economía política, cuya crítica es el proyecto que emprendió Marx al escribir El capital.

Dado que El capital es una crítica de las teorías de los contemporáneos de Marx, no es de extrañar que comience con las categorías que ya existían cuando escribió su libro. Harvey está criticando a Marx esencialmente por someter a análisis crítico las categorías de economistas políticos como Ricardo, Malthus, Barbon, Mills y otros, cuando este es precisamente el proyecto que Marx tenía en mente cuando comenzó a escribir El capital.

Cuando, por ejemplo, Harvey critica a Marx por afirmar ‘a priori’ que el tiempo de trabajo requerido para producir las mercancías está detrás de sus valores de cambio, Harvey sabe, o debería saber, que Marx en realidad está desestimando el argumento de una escuela de economistas políticos que afirmaban que los valores de las mercancías eran expresiones de su utilidad, es decir, de su capacidad para satisfacer las necesidades humanas.

Es bastante desconcertante que Harvey llame al argumento de Marx, de que el trabajo, y no la utilidad, da a las mercancías sus valores, un “salto a priori por vía del aserto”, a menos que tenga otro candidato. En esta parte mostraré que esta es justamente la motivación de Harvey. Harvey no cree que lo que de a las mercancías sus valores sea el trabajo, ni la utilidad; más bien, Harvey es de la escuela que cree que el valor en sí mismo es imposible hasta que el dinero haya ya surgido.

En el argumento de Marx, el dinero es solo otra mercancía, mientras que la escuela de la forma-valor cree que el valor surge del intercambio, no de la producción. Así, el intercambio es necesario para reducir los valores de uso particulares concretos a mercancías. A sabiendas o no, la “Guía de El capital de Marx”, de Harvey, es una polémica contra El capital de Marx en nombre de la escuela de la forma-valor.

La cualidad ‘fantasma’ del valor

Hay tres preguntas básicas que Marx responde en la sección 1 del primer capítulo de El capital:

  1. ¿Qué es el valor?
  2. ¿Cuál es la medida del valor?
  3. ¿Cuál es la fuente del valor?

En la sección 1 del capítulo uno, Marx da, metódicamente, su respuesta a estas tres preguntas. El trabajo que crea valor, como explica Harvey, no es el trabajo concreto real gastado en la producción de cada una de las mercancías, sino solo el gasto de trabajo necesario en promedio para su producción. Este argumento de Marx, claramente, a Harvey le perturba. Apunta al cuestionable materialismo de la noción de valor de Marx y su cualidad “fantasma”. El valor, que no podemos detectar de ninguna manera, de algún modo hace que las mercancías sean conmensurables y se pasa de un productor a otro mediante el intercambio.

Esto no es más que un intento de echarnos polvo a los ojos. ¿Hay realmente algo enigmático, misterioso o arcano en esta discusión de Marx? ¿Está Marx sumergiéndose en la metafísica? Por supuesto que no.

En primer lugar, como todos sabemos, el enfoque de Marx aquí no es del todo inusual en las ciencias. Algo similar a la caracterización del valor de Marx como una “objetividad fantasmagórica” se puede encontrar en una amplia variedad de campos científicos. Consideremos, por ejemplo, el concepto de evolución de Darwin. Hablamos con regularidad de la evolución, pero ¿ ha observado alguien realmente la evolución de una nueva especie? O consideremos la teoría de la relatividad de Einstein. Sabemos que debe existir una estrella colapsada gravitacionalmente porque podemos ver la evidencia indirecta de esto, pero ¿alguien ha visto alguna vez un agujero negro? Obviamente no, porque la misma teoría que predice el agujero negro dice que nunca podremos observarlo. O la teoría de la conciencia de Freud: ¿Podemos detectar la conciencia en una célula cerebral? ¿Alguien ha mirado alguna vez en la cabeza de otra persona para localizar su conciencia?

Obviamente, ninguno de estos objetos ha sido realmente observado. Sin embargo, nos referimos con regularidad a la evolución, a los agujeros negros y a la conciencia humana como si los hubiéramos observado. De hecho, solo podemos inferir su existencia a partir de evidencia indirecta. Son construcciones teóricas propuestas para explicar fenómenos que podemos observar. Asimismo, la cualidad fantasmagórica del valor no es en modo alguno un fenómeno único en el mundo de la ciencia.

La preocupación de Harvey sobre la ‘objetividad fantasmagórica’ del valor parece bastante tonta; pero, en realidad, su declaración no es tonta en absoluto. Más bien, es la salva inicial de un ataque directo de Harvey al argumento de Marx sobre el valor.

¿El valor surge del intercambio?

Harvey quiere que interpretemos el argumento de Marx, de que el valor de cambio es “el modo necesario de expresión, o forma de aparición, del valor”, del mismo modo en que alguna vez pudimos haber pensado en que la exposición al frío es el causante de las enfermedades. Según una fuente, el resfriado común era diagnosticado originalmente, en el siglo XIV, como un “malestar causado por el frío” y no como una infección causada por un virus. En una línea similar, en lugar de ver en el valor de cambio evidencia del valor, Harvey, en su discusión de la sección 1, trata de tergiversar el argumento de Marx para adaptarlo a la idea de la escuela de forma-valor de que el valor surge del intercambio.

Sin embargo, para realmente darle la vuelta al argumento de Marx, Harvey tiene que darle su propio y peculiar giro. En la página 19 de su Companion to Marx’s Capital, declara:

“«Un valor de uso o un bien solo tiene valor porque se ha objetivado o materializado en él trabajo humano abstracto» (59, 53). ¿Cómo se puede medir ese valor? En primer lugar, esto tiene algo que ver con el tiempo de trabajo. Pero como ya he argumentado al señalar la diferencia entre trabajo concreto y abstracto, no puede ser el tiempo de trabajo real, porque entonces la mercancía sería «más valiosa cuanto más holgazán y menos diestro fuera el trabajador que la produce». Así pues, «el trabajo que constituye la sustancia de los valores es trabajo humano igual, gasto de la misma fuerza de trabajo humana». A fin de precisar lo que podría significar el «gasto de la misma fuerza de trabajo humana», Marx necesita, dice, examinar «toda la fuerza de trabajo de la sociedad, que se representa en los valores del mundo de las mercancías”.

En el pasaje anterior, Harvey proporciona las respuestas a las tres preguntas planteadas anteriormente. Nos ha dicho qué es el valor: la sustancia del valor es el trabajo humano abstracto homogéneo. Ha definido cómo se mide el valor de una mercancía producida por este trabajo abstracto: es sólo el tiempo de trabajo socialmente necesario en promedio para la producción de la mercancía lo que cuenta como valor. Finalmente, Harvey nos ha dicho la fuente del valor: los valores de las mercancías son simplemente manifestaciones de la fuerza de trabajo total de la sociedad.

Este último punto es muy importante. Como todos sabemos, en El capital Marx introdujo un concepto novedoso en el pensamiento económico, la “fuerza de trabajo”. Marx no va y modifica simplemente el argumento de Ricardo reemplazando el término “tiempo de trabajo” con su propia innovación, “tiempo de trabajo socialmente necesario”, sino que además distingue entre “trabajo” y “fuerza de trabajo”, y define a esta última como la fuente del valor. Desafortunadamente, la ‘lectura minuciosa’ de El capital de Harvey falla por completo en reconocer este concepto novedoso, que no había aparecido antes en los escritos de los contemporáneos de Marx.

Ahora bien, ¿por qué la introducción de Marx de esta nueva categoría como fuente de valor, la fuerza de trabajo, al comienzo de su exhaustiva discusión sobre el modo de producción capitalista, sería algo que querríamos destacar? Obviamente, querríamos destacarla porque Marx luego argumenta que la fuerza de trabajo no solo es la fuente del valor, sino también de la plusvalía. ¿Cómo podría la fuerza de trabajo crear la plusvalía en la teoría de Marx a menos que creara todo el valor en las sociedades productoras de mercancías?

Entonces, ¿por qué Harvey no menciona el papel crítico que juega la fuerza de trabajo en la teoría de Marx sobre la producción del valor?

Harvey da vueltas mientras Marx se revuelca en su tumba

Pero antes de responder a la pregunta, sigamos con la propia discusión de Harvey.

De la frase de Marx, “la fuerza de trabajo total de la sociedad, que se representa en los valores del mundo de las mercancías”, lo que atrae el interés de Harvey, curiosamente, no es la parte donde Marx introduce su nueva categoría, “la fuerza de trabajo total de la sociedad”, sino la parte donde Marx agrega la frase, “el mundo de las mercancías”.

Marx, dice Harvey, no da más detalles sobre esta declaración, por lo que se ofrece él como voluntario para hacerlo “para evitar que se malentienda de qué va la teoría del valor”.

Según Harvey, la parte crítica de la declaración de Marx no es donde habla sobre la fuerza de trabajo total de la sociedad, una nueva categoría que Harvey sabe que será fundamental para comprender el modo de producción capitalista en algún momento posterior, y en vez, invoca la idea del comercio mundial. El comercio mundial es muy grande hoy en día, nos dice Harvey (como si no lo supiéramos ya), mucho más grande incluso que en la época de Marx (como si no lo supiéramos ya también).

Por lo tanto, dice Harvey, “la medida del valor deriva de todo ese mundo del trabajo humano”.

“Es en este terreno dinámico global de las relaciones de intercambio donde se determina y redetermina constantemente el valor. En el contexto histórico en el que escribía Marx, el mundo se estaba abriendo muy rápidamente al comercio global mediante los buques de vapor, los ferrocarriles y el telégrafo, y él entendía muy bien que el valor no se determinaba en nuestro patio trasero, ni siquiera en una economía nacional, sino que surgía del intercambio de mercancías en el mundo entero. Y ahí usa de nuevo el poder de abstracción para llegar a la idea de unidades de trabajo indiferenciado, cada una de las cuales «es idéntica a las demás en cuanto que posee el carácter de una fuerza de trabajo social media y actúa como tal», como si esta reducción a la forma de valor tuviera lugar mediante el comercio mundial” ( énfasis mío)

Ahora, admito que podría estar equivocado, pero me parece que Harvey está tergiversando el argumento de Marx para decir que el valor está determinado por el comercio mundial. ¿Es esto injusto? ¿Me estoy equivocando? Vamos a ver.

Este es el argumento de Marx: el valor es el gasto de fuerza de trabajo humano indiferenciado; es decir, el gasto de la fuerza de trabajo total de la sociedad “se manifiesta en los valores del mundo de las mercancías”.

Por poner el argumento de Marx en los términos más simples posibles: la fuerza de trabajo humana entra en el proceso de producción, el valor emerge de la producción de mercancías, pareciendo ser un atributo de las mercancías.

Y este es el argumento de Harvey: el valor está siendo determinado y redeterminado en el “terreno dinámico global de las relaciones de intercambio”; es decir, “la reducción [de las mercancías] a la forma de valor tiene lugar en realidad mediante el comercio mundial”. Por lo tanto, el valor no se determina en nuestro patio trasero, ni siquiera en una economía nacional, sino que surge “del intercambio de mercancías en el mundo entero”.

Por poner el argumento de Harvey en los términos más simples posibles: el trabajo útil concreto entra en el proceso de producción y del proceso emergen los valores de uso. La reducción de trabajos útiles concretos a la forma de valor es en realidad el resultado del comercio mundial.

Con el pretexto de presentar El capital de Marx a sus lectores, Harvey en realidad alega que éste ha malinterpretado el capitalismo y, por lo tanto, invierte el proceso por el cual las mercancías adquieren su carácter de valores. Las mercancías emergerían de la producción como meros valores de uso; y adquirirían sus valores a través del intercambio dentro del mercado mundial.

El valor de Marx versus los valores de Harvey

Pero si este fuera el único error que Harvey transmite a sus lectores con el pretexto de familiarizarlos con la teoría de Marx, aún podríamos pensar que simplemente malinterpretó el argumento de Marx en El capital. La idea de que los valores de las mercancías surgen del intercambio es, de hecho, un concepto erróneo bastante común entre los burgueses simplones, y los marxistas no parecen ser menos presa de él. Pero resulta que esta malinterpretación de Marx es solo el comienzo. Harvey avanza desde aquí para derrocar por completo el concepto clásico mismo de valor.

Marx, explica Harvey, pudo salirse con la suya con su críptica presentación de las categorías que empleó en El capital porque cualquiera que hubiera leído a Ricardo diría, sí, este es Ricardo. Sin embargo, Marx modifica el concepto de valor de Ricardo al insertar la frase, “socialmente necesario”, en la definición de valor de Ricardo, para llegar a una nueva definición del valor, de no simplemente “tiempo de trabajo”, sino “tiempo de trabajo socialmente necesario”. Esta modificación, argumenta correctamente Harvey, “hace un mundo de diferencia”.

“Nos vemos inmediatamente obligados a preguntar: ¿qué es «socialmente necesario»?; y ¿cómo se establece, y por quién? Marx no da respuestas inmediatas a estas preguntas, cuya enjundia se prolonga a lo largo de todo El capital. ¿Cuáles son las necesidades sociales insertas en un modo de producción capitalista?”

¿En serio? ¿Qué mierda significa siquiera esta afirmación?

En este punto, Harvey adopta un sentido de la palabra valor completamente diferente al empleado por Marx: un sentido moral, ético o político del término. En Marx y en la economía política clásica, el término valor significaba simplemente el tiempo de trabajo incorporado en una mercancía o, alternativamente, el valor de una mercancía expresado en la forma de otra mercancía, incluido el dinero. No así para Harvey. De acuerdo con su concepto de valor, debemos incluir aquí la moral, la ética, la política y cierta categoría general indefinida a la que Harvey ‘crípticamente’ se refiere como “necesidades sociales”.

“¿Es cierto, como proclamó estruendosamente Margaret Thatcher, que «No existe ninguna alternativa» [TINA, There Is No Alternative], lo que en cierto modo equivale a decir que las necesidades sociales que nos rodean están tan implacablemente establecidas que no queda otra opción que aceptarlas tal cual? En el fondo, de lo que se trata es de quién y cómo establece los «valores». A todos nos gusta pensar, por supuesto, que tenemos nuestros propios «valores», y cada campaña electoral en Estados Unidos conlleva una interminable discusión sobre los «valores» de los candidatos. Pero Marx argumenta en cambio que existe cierto tipo de medida del valor que viene determinada por un proceso que no entendemos y que quizá no hemos elegido conscientemente, y que hay que desentrañar la manera en que esos valores se nos imponen. Si alguien quiere entender quién es y dónde está situado en este torbellino de valores revueltos, tendrá primero que entender cómo se crean y producen los valores de las mercancías y con qué consecuencias sociales, medioambientales, políticas, etc.”

Ahora les pregunto, ¿es este el sentido del término valor que Marx está tratando de explicar? ¿Por qué Harvey enlaza deliberadamente el sentido moral y/o político del término valor con el sentido económico que emplea Marx en El capital?

Enlazando la teoría del valor-trabajo con el fascismo

La respuesta tal vez no te cause ninguna sorpresa. Al emplear el valor en un sentido político, Harvey puede entonces argumentar que lo que es “socialmente necesario” no está determinado por el tiempo de trabajo socialmente necesario, sino por la política económica estatal, es decir, por el resultado de una lucha política. El argumento de Harvey es que lo que cuenta como tiempo de trabajo socialmente necesario debe estar determinado no por un proceso de producción material, sino por la política económica estatal fascista.

¿Cómo se relaciona esto con el argumento de la escuela de la forma-valor? Si las mercancías se convierten en valores sólo a través del intercambio, el dinero juega un papel necesario en la determinación del valor. Desde la Gran Depresión, y especialmente desde 1971, el Estado fascista se ha apropiado de esta función como poder soberano propio. A través de su control de la moneda nacional, el Estado puede, en el pensamiento de la escuela de la forma-valor, determinar qué actividad económica es “socialmente necesaria”, de acuerdo con algún plan preconcebido, despóticamente impuesto.

Parte del objetivo de la escuela de la forma-valor al anular la teoría del valor-trabajo de Marx puede lograrse al desestimar su predicción del colapso de la producción basada en el valor de cambio, diciendo que era incorrecta y que finalmente Marx la descartó. Otra parte del objetivo se logra impugnando constantemente la reputación del camarada de toda la vida de Marx, Federico Engels. Y una tercera parte se logra inventando la llamada “teoría marxista de la crisis” con la intención de “probar” que el capitalismo, aunque esté sujeto a crisis periódicas, puede continuar indefinidamente sin colapsar.

Sin embargo, el objetivo de la escuela de la forma-valor se ve obstaculizado por un problema particularmente espinoso. Marx argumenta en el capítulo uno de El capital que la fuerza de trabajo es la fuente del valor. Esta es una innovación que él trae para reemplazar el argumento de Ricardo de que el trabajo mismo es la fuente del valor. Sobre la base de esta innovación, Marx puede argumentar más adelante que una vez que la fuerza de trabajo se convierte en una mercancía, también se convierte en la fuente tanto del valor como de la plusvalía.

En el argumento de Marx, la mercancía fuerza de trabajo, es la fuente de la plusvalía precisamente porque, incluso en su forma de no-mercancía, es ya la fuente de todo valor. No puedes deshacerte del argumento de Marx de que la fuerza de trabajo crea el valor, sin de inmediato derribar el antiguo argumento de los comunistas de que los capitalistas explotan a la clase trabajadora. Una vez que rechazas el primero, debe seguir el segundo, tarde o temprano.

Este argumento es inconveniente para la escuela de la forma-valor, que busca demostrar que el dinero (el intercambio en general) es la fuente de los valores de las mercancías. Para lograr sus objetivos, la escuela de la forma-valor debe mostrar que el valor de la mercancía solo surge después que el dinero ya se ha establecido para entonces dar a todas las mercancías sus valores. Y deben mostrar que esto ya está implícito en el argumento “un tanto apriorístico y críptico” que está planteando Marx.

Este es el servicio que Harvey intenta brindar a la escuela de la forma-valor en su horrible e infiel Companion.